El pueblo pesquero de Ine 🇯🇵

En el norte de la prefectura de Kyoto, entre frondosas montañas y las aguas turquesas de la bahía de Ine, en el mar de Japón, se encuentra este pequeño pueblo de pescadores donde parece que el tiempo se detuvo hace ya muchos años.

Uno de los atractivos principales de Ine son sus tradicionales casas de pescadores, llamadas Funaya. Estas antiguas construcciones de madera situadas frente al mar servían principalmente para guardar las embarcaciones y herramientas de los marineros del pueblo. Las Funayas más antiguas datan de principios del siglo XVIII y, actualmente, aún existen alrededor de 200 en la bahía de Ine, algunas de ellas convertidas en casas de huéspedes para visitantes.

Una sola calle de 5 km recorre la bahía de Ine y, paseando entre sus casas y Funayas, es habitual encontrar calamares y pescados colgados secándose en la calle. Esta antigua técnica culinaria se denomina Himono y consiste en secar diferentes tipos de pescado y moluscos al sol después de tenerlos un tiempo en agua salada. El origen de esta técnica de secado nació en la antigüedad con el objetivo de conservar alimentos. El Himono fue evolucionando y adaptándose a los paladares de distintas épocas hasta conseguir un producto jugoso y lleno de umami, que llegó a considerarse un lujo en la corte imperial de Kyoto durante el periodo Edo (s.XVI).

A parte del delicioso Himono, el sashimi de calamar o de ballena son algunos de los tesoros gastronómicos que se pueden degustar en los pocos restaurantes que hay en Ine y en los que es muy recomendable reservar con antelación.

Pese a ser considerado uno de los lugares más pintorescos de Japón y recibir visitantes a diario, este remoto rincón de la llamada península Tango, sigue conservando su esencia original gracias a la actividad pesquera de sus habitantes y al esfuerzo por preservar su cultura y arquitectura tradicional.

Fotografía y texto: Al González


Sabores del Valle Sagrado 🇵🇪

En el corazón de la sierra del Perú, situado en una extensa llanura del Valle Sagrado a 3.500 metros de altitud, se encuentra uno de los complejos arquitectónicos más enigmáticos de la civilización Inca.

Moray es un conjunto de terrazas circulares, situado a 50 kilómetros de la ciudad de Cusco en la provincia de Urubamba. La construcción de estos andenes se atribuye al pueblo Inca en el s.XV, durante el período de conquista y expansión en estos territorios, en los que también se levantaron templos y fortalezas como Machu Picchu o Ollantaytambo.

La ausencia de cualquier tipo de documentación sobre Moray ha hecho que durante años se hayan escrito diferentes teorías sobre la utilidad y historia de este yacimiento. En la actualidad, la mayoría de expertos coinciden en la idea de que Moray fue un centro de investigación agrícola. Gracias a la variedad de micro climas que se crean en los distintos niveles de estas antiguas terrazas, los Incas pudieron estudiar una gran variedad de productos y perfeccionar diferentes técnicas de cultivo. Según esta teoría, se puede afirmar que Moray jugó un importante papel en el desarrollo de lo que hoy en día se considera la esencia de la gastronomía peruana: la cocina andina.

Una de las expresiones culinarias más antiguas de los Andes es la Pachamanca, un plato milenario que mezcla carnes, tubérculos y legumbres cocinadas bajo tierra al calor de piedras calientes. La Pachamanca no es solo una de las formas de cocinar más antiguas del mundo, también es un ritual de agradecimiento por las buenas cosechas dedicado a la Pachamama, deidad venerada por los pueblos de la sierra que representa a la «Madre Tierra».

Los ingredientes se colocan en orden sobre piedras precalentadas y son literalmente enterrados bajo más piedras, ramas de ceticio fresco y tierra. Después de esta cocción subterránea, el resultado es una amalgama de sabores intensos de carnes maceradas, colores y texturas de la amplia variedad de legumbres y tubérculos andinos.

La Pachamanca y su ancestral técnica de preparación fue declarada Patrimonio Cultural de la nación en 2003. A día de hoy, este icono de la gastronomía andina sigue siendo protagonista en grandes eventos y festividades celebradas a lo largo de toda la majestuosa cordillera que atraviesa Perú.

Fotografía y texto: Al González

Agradecimientos:

A Janet Camacho Yañez y al conjunto de familias alto andinas que son parte del Proyecto de Pasitos Andinos.

www.pasitosandinos.org


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