Cochinita Pibil, historia de Yucatán en un plato 🇲🇽
La cultura maya, considerada una de las cunas de la civilización con sus más de 3.000 años de historia, dejó un legado histórico y cultural aún muy presente a lo largo de toda la península de Yucatán, en América Central. A lo largo de las selvas tropicales de Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y México, descansan en silencio las ruinas de majestuosos templos y ciudades de la que fue una de las civilizaciones más poderosas e influyentes del mundo antiguo.

Situada a tan solo 30 kilómetros de la ciudad de Valladolid, en México, encontramos Ek Balam, antigua capital del reino maya de Talol. Sus murallas protegen más de 1.200 años de historia que aún sigue fascinando a arqueólogos e historiadores. Entre los yacimientos descubiertos, destaca la llamada Acrópolis, una pirámide de 30 metros de altura con una imponente escalinata por la que aún es posible ascender para descubrir unos impresionantes frisos de escayola decorativos y una sensacional vista de 360 grados.


La cultura maya sigue muy presente especialmente en el zona interior de la región de Yucatán, donde aún se pueden encontrar comunidades que presumen orgullosas de sus raíces indígenas y del legado y tradiciones heredadas de sus antepasados.

Miembros de la comunidad de Ek Balam realizando una ofrenda tradicional.
Algunos platos de la gastronomía yucateca se caracterizan por la mezcla de las ancestrales técnicas mayas con ingredientes del continente europeo traídos por españoles en el s.XVI. Una de las preparaciones más famosas que se puede degustar en Yucatán es la cochinita pibil, un platillo que resume a la perfección la historia y cultura gastronómica de la región.

La cocinera yucateca Rosalía Chay con un plato de cochinita pibil
La palabra piíb hace referencia a los hornos de tierra que se utilizaban desde la época prehispánica y que los mayas usaban para celebrar el Hanal Pixal, el día de muertos en Yucatán. Los colonos españoles trajeron con ellos el cerdo, que substituyó a la carne de venado o faisán que utilizaban los indígenas. El cerdo criollo pelón, de morro alargado, piel oscura y sin pelo, es una especie endémica de la región y principal protagonista de una auténtica cochinita pibil yucateca.


La carne se marina con un adobo llamado recado rojo, que se elabora machacando una variedad de productos y especias locales con el tradicional metate de piedra. Entre ingredientes como la naranja agria, pimienta y ajos con los que se prepara el adobo, destaca el aciote, un condimento ancestral y colorante natural que da al plato su característico color rojizo. La preparación se termina a fuego lento, entre las rocas y maderas del horno cavado en la tierra.



Después de más de 12 horas de cocción, el resultado es un guiso de carne mechada, de sabor intenso y ligeras notas cítricas. La cochinita pibil se suele acompañar con cebolla morada encurtida, salsa de chiles habaneros y unas tortillas cocinadas al calor de la leña de un comal.

Fotografía y texto: Al González
Agradecimientos:
A Rosalía Chay y su família, Mejico Lindo Cooking y la Comunidad de Ek Balam.
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