Cochinita Pibil, historia de Yucatán en un plato 🇲🇽

La cultura maya, considerada una de las cunas de la civilización con sus más de 3.000 años de historia, dejó un legado histórico y cultural aún muy presente a lo largo de toda la península de Yucatán, en América Central. A lo largo de las selvas tropicales de Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y México, descansan en silencio las ruinas de majestuosos templos y ciudades de la que fue una de las civilizaciones más poderosas e influyentes del mundo antiguo.

Situada a tan solo 30 kilómetros de la ciudad de Valladolid, en México, encontramos Ek Balam, antigua capital del reino maya de Talol. Sus murallas protegen más de 1.200 años de historia que aún sigue fascinando a arqueólogos e historiadores. Entre los yacimientos descubiertos, destaca la llamada Acrópolis, una pirámide de 30 metros de altura con una imponente escalinata por la que aún es posible ascender para descubrir unos impresionantes frisos de escayola decorativos y una sensacional vista de 360 grados.

La cultura maya sigue muy presente especialmente en el zona interior de la región de Yucatán, donde aún se pueden encontrar comunidades que presumen orgullosas de sus raíces indígenas y del legado y tradiciones heredadas de sus antepasados.

Miembros de la comunidad de Ek Balam realizando una ofrenda tradicional.

Algunos platos de la gastronomía yucateca se caracterizan por la mezcla de las ancestrales técnicas mayas con ingredientes del continente europeo traídos por españoles en el s.XVI. Una de las preparaciones más famosas que se puede degustar en Yucatán es la cochinita pibil, un platillo que resume a la perfección la historia y cultura gastronómica de la región.

La cocinera yucateca Rosalía Chay con un plato de cochinita pibil

La palabra piíb hace referencia a los hornos de tierra que se utilizaban desde la época prehispánica y que los mayas usaban para celebrar el Hanal Pixal, el día de muertos en Yucatán. Los colonos españoles trajeron con ellos el cerdo, que substituyó a la carne de venado o faisán que utilizaban los indígenas. El cerdo criollo pelón, de morro alargado, piel oscura y sin pelo, es una especie endémica de la región y principal protagonista de una auténtica cochinita pibil yucateca.

La carne se marina con un adobo llamado recado rojo, que se elabora machacando una variedad de productos y especias locales con el tradicional metate de piedra. Entre ingredientes como la naranja agria, pimienta y ajos con los que se prepara el adobo, destaca el aciote, un condimento ancestral y colorante natural que da al plato su característico color rojizo. La preparación se termina a fuego lento, entre las rocas y maderas del horno cavado en la tierra.

Después de más de 12 horas de cocción, el resultado es un guiso de carne mechada, de sabor intenso y ligeras notas cítricas. La cochinita pibil se suele acompañar con cebolla morada encurtida, salsa de chiles habaneros y unas tortillas cocinadas al calor de la leña de un comal.

Fotografía y texto:  Al González

Agradecimientos:

A Rosalía Chay y su família, Mejico Lindo Cooking y la Comunidad de Ek Balam.

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Val di Noto, dolce Barroco 🇮🇹

Al suroeste de Sicilia, descansan sobre el Monte Alveria las ruinas de la antigua ciudad de Netum, de origen sículo. Los salvajes olivos sicilianos siguen retorciéndose sobre los cimientos de la que llegó a ser una de las ciudades medievales más imponentes de la isla, levantada por los normandos y que trágicamente colapsó tras un devastador terremoto, el 11 de enero de 1693, enterrando siglos de historia escrita también por griegos, romanos y árabes.

La ciudad de Noto, tal como se la conoce en la actualiad, renació 8 km más al sur, en dirección al mar Jónico, siguiendo el característico estilo del barroco tardío de finales del siglo XVII. Otras poblaciones de la región de Val di Noto, afectadas por el terremoto, como Ragusa, Módica o Scicli, fueron también reconstruidas bajo la misma influencia, y reconvertidas en verdaderas maravillas arquitectónicas, declaradas en su conjunto Patrimonio de la Humaniad por la Unesco en 2002.

El exuberante barroco siciliano encuentra su máxima expresión en cada rincón de la gran avenida sobre la que fue trazada la nueva ciudad de Noto. Los tonos dorados que refleja la característica piedra caliza que domina la ciudad son un auténtico espectáculo cromático, en especial al contemplar la imponente Catedral de San Nicolò y su escalinata al atardecer.

A pocos metros de la catedral, econtramos el Caffé Sicilia, un lugar mágico donde disfrutar de los sabores de Val di Noto y de la esencia gastronómica siciliana que la familia Assenza comparte con sus visitantes desde 1892. La vitrina interior, repleta de dulces tradicionales y creaciones originales, podría considerarse sin duda otra de las joyas artísticas de Noto, aunque en ella no se alberga, ni mucho menos, toda la oferta que se puede degustar en este emblemático establecimiento.

La granita de mandarola del Caffè Sicilia, de textura delicada y cremosa, elaborada con agua, azúcar y almendra local, sorprende al paladar por la sencillez e intensidad de su sabor. Los locales la acompañan siempre con la clásica brioscia, un pan dulce, ligero y esponjoso, pilar fundamental de la pastelería siciliana.

A pocos kilómetros de Noto, en dirección al oeste, se encuentra la ciudad de Módica, otra de las paradas obligatorias en la ruta del barroco, y particular punto de interés gastronómico de la región.

En el siglo XVII, Sicilia vivía bajo dominio de los españoles, los cuales empezaron a llevar a la isla ingredientes descubiertos en el nuevo mundo. Así fue cómo el cacao llegó a Italia desde México, acompañado de la ancestral técnica azteca, para convertirlo en chocolate, moliendo el grano junto con azúcar y otros ingredientes entre las piedras de los antiguos metates. El resultado de esta elaboración en frío es un chocolate de textura granulada y sabor único, que consigue preservar la pureza del cacao y sus propiedades nutricionales.

Proceso manual de molienda tradicional de cacao con metate en Oaxaca, México.

Chocolate de Módica

Desde hace ya más de 300 años, Módica ha sido la única ciudad en Sicilia que ha mantenido la tradición azteca en Italia, convirtiendo su chocolate en un símbolo gastronómico y cultural de la ciudad. Del viaje transatlántico del cacao a manos de los españoles y su pasión por la carne de caza, nacieron también las mpanatigghi, un capricho dulce en forma de empanadilla, elaborado con chocolate de Módica, frutos secos, almendra, canela, clavo y carne.

La historia de la cocina siciliana es el resultado de siglos de conquistas y de intercambios culturales, que los italianos han sabido abrazar, preservar y pulir hasta la actualidad. Pocos lugares en el mundo pueden presumir de un mosaico cultural tan hermoso y diverso como el que encontramos en la isla más grande del Mediterráneo.

Fotografía y texto:  Al González

Agradecimientos:

Al Sr. Corrado Assenza, por atenderme y dedicarme tiempo en el Caffè Sicilia.

A Doña Trinidad López, por mostrarme cómo se elabora el chocolate en el valle de Oaxaca, en México.

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Día de los difuntos en Cusco 🇵🇪

Las calles empedradas del centro histórico de Cusco, antiguo feudo del gran imperio Inca, se tiñen cada mañana del color intenso de los productos que se cultivan en los Andes del Perú.

En los mercados de la ciudad se encuentran desde granos como la quinoa, la kiwicha o el tarwi, hasta coloridas variedades de maíz como el morado, el choclo o el mote. Pero si por algo es conocido Perú es por las más de 4.000 variedades de papas que han alimentado civilizaciones andinas durante más de 8.000 años.

Huamantanga, Yungay, Negra andina, Blanca o Canchán son solo algunas de las variedades de papas que han posicionado a Perú como líder mundial en biodiversidad agrícola y han elevado la fama de su gastronomía al nivel actual.

De entre todos los puestos y productos que se pueden encontrar en los mercados, hay uno que destaca entre los demás durante la última semana de octubre. Las Tanta wawas son unos panes dulces con forma de bebé, que anuncian la inminente celebración del día de Todos los Santos (1 de noviembre) y el Día de los Difuntos (2 de noviembre). Estos panes se hornean solo para estas fechas y, aunque en la actualidad se regalan a los más pequeños de la familia, se siguen usando como ofrenda a los que ya no están entre nosotros.

Situado entre la ciudad y los cerros del barrio de Santiago, se encuentra el cementerio de San José de Huancaro. Cada 2 de noviembre, se celebra aquí el Día de los Difuntos y cientos de familias cusqueñas se congregan en este enclave para celebrar uno de los días más importantes del calendario religioso. Los familiares y amigos pasan el día alrededor de las sepulturas de sus seres queridos en un ambiente festivo, amenizado por músicos, en el que también hay lugar para las oraciones por parte de sacerdotes. Es tradición cubrir las tumbas con flores, frutas, refrescos y panes en señal de amor y respeto, además de comer juntos recordando a los muertos.

El Día de Difuntos en Cusco y todo el sur de los Andes es una de las festividades más importantes del año, con una carga cultural que combina ancestrales creencias andinas con elementos católicos heredados de los colonizadores españoles. La presencia y participación de niños y jóvenes en estas jornadas es muy común, y representa un gran ejemplo de cómo perpetuar lazos entre generaciones y garantizar la continuidad de las tradiciones y el legado cultural en esta región.

Para los habitantes de Cusco y las comunidades andinas, la muerte no es considerada un final abrupto de la vida, sino un viaje hacia el más allá o un regreso a la tierra, la Pachamama. Se cree que las almas no desaparecen de forma inmediata y que permanecen en el mundo de los vivos durante tres años junto a sus familiares y su comunidad.

Fotografía y texto: Al González

Agradecimientos:

A Freddy Mojonero Sarmiento  (@fredy_cusco) y a su familia por mostrarme el verdadero Cusco y compartir conmigo un día tan especial en Huancaro.

 


El pueblo pesquero de Ine 🇯🇵

En el norte de la prefectura de Kyoto, entre frondosas montañas y las aguas turquesas de la bahía de Ine, en el mar de Japón, se encuentra este pequeño pueblo de pescadores donde parece que el tiempo se detuvo hace ya muchos años.

Uno de los atractivos principales de Ine son sus tradicionales casas de pescadores, llamadas Funaya. Estas antiguas construcciones de madera situadas frente al mar servían principalmente para guardar las embarcaciones y herramientas de los marineros del pueblo. Las Funayas más antiguas datan de principios del siglo XVIII y, actualmente, aún existen alrededor de 200 en la bahía de Ine, algunas de ellas convertidas en casas de huéspedes para visitantes.

Una sola calle de 5 km recorre la bahía de Ine y, paseando entre sus casas y Funayas, es habitual encontrar calamares y pescados colgados secándose en la calle. Esta antigua técnica culinaria se denomina Himono y consiste en secar diferentes tipos de pescado y moluscos al sol después de tenerlos un tiempo en agua salada. El origen de esta técnica de secado nació en la antigüedad con el objetivo de conservar alimentos. El Himono fue evolucionando y adaptándose a los paladares de distintas épocas hasta conseguir un producto jugoso y lleno de umami, que llegó a considerarse un lujo en la corte imperial de Kyoto durante el periodo Edo (s.XVI).

A parte del delicioso Himono, el sashimi de calamar o de ballena son algunos de los tesoros gastronómicos que se pueden degustar en los pocos restaurantes que hay en Ine y en los que es muy recomendable reservar con antelación.

Pese a ser considerado uno de los lugares más pintorescos de Japón y recibir visitantes a diario, este remoto rincón de la llamada península Tango, sigue conservando su esencia original gracias a la actividad pesquera de sus habitantes y al esfuerzo por preservar su cultura y arquitectura tradicional.

Fotografía y texto: Al González


Teotitlán del Valle, orgullo zapoteco 🇲🇽

Pocos países en el mundo son capaces de sorprender a sus visitantes con un abanico cultural y étnico tan amplio como lo hace México a lo largo de todo su territorio. El estado de Oaxaca, emplazado en la región suroeste del país, es considerado uno de los más representativos de la esencia cultural mexicana gracias a la gran concentración de pueblos indígenas que allí conviven y mantienen vivas sus tradiciones y costumbres.

A los pies de la Sierra de Oaxaca y bajo la atenta mirada del sagrado monte Picacho, se encuentra la comunidad de Teotitlán del Valle. Este municipio, perteneciente a la región de los Valles Centrales, puede presumir de ser el primero de los asentamientos que fundaron los indios zapotecos bajo el nombre de Xa ‘xigye, a mediados del s. XV.

El mercado de Teotitlán del Valle, situado junto a la monumental Iglesia Preciosa Sangre de Cristo, es un lugar lleno de vida donde la gente del pueblo sigue hablando zapoteco, la lengua heredada de sus antepasados.

Los zapotecos fueron una de las civilizaciones más influyentes en Mesoamérica y, gracias a comunidades como la de Teotitlán, su cultura y tradiciones se mantienen vivas en el valle de Oaxaca. Además de su lengua original y tradiciones ancestrales, los zapotecos dejaron huella con una de las herencias culinarias más auténticas y variadas que se conocen en México.

En Teotitlán del Valle, el fuego, los comales y los metates bailan al ritmo de maestras de la cocina tradicional que, lejos de las grandes pretensiones que reinan en la gastronomía actual, se esmeran trabajando con humildad para preservar, difundir y mantener viva la cocina zapoteca.

Otro día escribiré sobre el mole coloradito de la maestra Carina Santiago, de las crujientes tlayudas y enchiladas de Isabel Lazo, del delicioso chocolate de Doña Trini, de las mamelitas y quesadillas de Camelia y de las sonrisas de Abigail Mendoza y su familia. Sin embargo, creo que lo justo es dedicar este primer artículo sobre Oaxaca a la figura de estas mujeres de Teotitlán que compartieron su tiempo, amabilidad y cultura conmigo.

Carina Santiago

Trinidad López / Isabel Lazo

Las hermanas Abigail y Adelina Mendoza junto a su sobrina Diana Ruiz.

Visitar esta comunidad oaxaqueña no solo es una experiencia única para el paladar, sino que también significa ser testigo de cómo estas cocineras trabajan con orgullo para ser parte fundamental de la preservación de una de las culturas más antiguas de México. Además de cocinar, estas mujeres realizan una labor impagable formando a las futuras generaciones, compartiendo su experiencia con cocineros extranjeros y, algunas de ellas, asistiendo a congresos internacionales de cocina por todo el mundo representando a México.

La cocina zapoteca es un pilar fundamental de la gastronomía oaxaqueña, declarada en 2008 patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO.

Fotografía y texto: Al González


Samut Songkhram, un oasis en Bangkok 🇹🇭

Situada en el Golfo de Tailandia, a escasos 80 km al suroeste de Bangkok, la provincia de Samut Songkhram es el lugar perfecto para desconectar de la electrizante atmósfera de la capital Tailandesa y perderse en la naturaleza de esta región atravesada por el río Mae Kong.

Entre inmensas plantaciones de cocoteros y el infinito laberinto de canales que serpentean por esta provincia, se esconde el mercado flotante de Tha Kha. A primera hora de la mañana, vendedores locales acuden a esta zona con sus estrechas y largas embarcaciones cargadas de fruta y verdura cultivada en la misma región. 

Los botes no solo son utilizados como medio para transportar productos, sino que, una vez amarrados, se convierten en coloridos puestos de venta que inundan todo el canal. En el mercado flotante de Tha Kha también es posible degustar deliciosos platos locales preparados en improvisadas cocinas dentro de las mismas canoas.

Gracias al paso del río Mae Kong y su proximidad al mar, la provincia de Samut Songkhram goza de tierras fértiles con una gran variedad de cultivos y vegetación. Uno de los principales productos cultivados es el coco, gran protagonista de la gastronomía Tailandesa.

Pese a que el mayor esfuerzo y trabajo se centra en la producción y cosecha de los dulces y aromáticos cocos tailandeses, estos no son el único producto que se importa en la región. Desde hace siglos, el azúcar de coco es uno de los edulcorantes naturales más utilizados en el sureste asiático y su producción comienza recolectando la savia de los cocoteros. Los agricultores realizan un corte en la flor de los árboles para que la savia fluya al exterior y se acumule en recipientes colocados bajo los tallos.

La savia recolectada se calienta a altas temperaturas en grandes woks hasta que su agua se va evaporando y el líquido se reduce hasta convertirse en una pasta espesa que, al enfriarse y solidificarse, se transforma en un bloque de azúcar.

El producto final tiene un sabor comparable al del azúcar moreno pero con un dulzor más sutil, al que se añaden notas de caramelo y mantequilla. El azúcar de coco se utiliza en las cocinas de Thailandia no solo para endulzar postres, sino también para equilibrar y realzar sabores de platos tan icónicos como el Curry verde o el Pad Thai.

 

Fotografía y texto: Al González


Sabores del Valle Sagrado 🇵🇪

En el corazón de la sierra del Perú, situado en una extensa llanura del Valle Sagrado a 3.500 metros de altitud, se encuentra uno de los complejos arquitectónicos más enigmáticos de la civilización Inca.

Moray es un conjunto de terrazas circulares, situado a 50 kilómetros de la ciudad de Cusco en la provincia de Urubamba. La construcción de estos andenes se atribuye al pueblo Inca en el s.XV, durante el período de conquista y expansión en estos territorios, en los que también se levantaron templos y fortalezas como Machu Picchu o Ollantaytambo.

La ausencia de cualquier tipo de documentación sobre Moray ha hecho que durante años se hayan escrito diferentes teorías sobre la utilidad y historia de este yacimiento. En la actualidad, la mayoría de expertos coinciden en la idea de que Moray fue un centro de investigación agrícola. Gracias a la variedad de micro climas que se crean en los distintos niveles de estas antiguas terrazas, los Incas pudieron estudiar una gran variedad de productos y perfeccionar diferentes técnicas de cultivo. Según esta teoría, se puede afirmar que Moray jugó un importante papel en el desarrollo de lo que hoy en día se considera la esencia de la gastronomía peruana: la cocina andina.

Una de las expresiones culinarias más antiguas de los Andes es la Pachamanca, un plato milenario que mezcla carnes, tubérculos y legumbres cocinadas bajo tierra al calor de piedras calientes. La Pachamanca no es solo una de las formas de cocinar más antiguas del mundo, también es un ritual de agradecimiento por las buenas cosechas dedicado a la Pachamama, deidad venerada por los pueblos de la sierra que representa a la «Madre Tierra».

Los ingredientes se colocan en orden sobre piedras precalentadas y son literalmente enterrados bajo más piedras, ramas de ceticio fresco y tierra. Después de esta cocción subterránea, el resultado es una amalgama de sabores intensos de carnes maceradas, colores y texturas de la amplia variedad de legumbres y tubérculos andinos.

La Pachamanca y su ancestral técnica de preparación fue declarada Patrimonio Cultural de la nación en 2003. A día de hoy, este icono de la gastronomía andina sigue siendo protagonista en grandes eventos y festividades celebradas a lo largo de toda la majestuosa cordillera que atraviesa Perú.

Fotografía y texto: Al González

Agradecimientos:

A Janet Camacho Yañez y al conjunto de familias alto andinas que son parte del Proyecto de Pasitos Andinos.

www.pasitosandinos.org


Wakayama: En busca del oro rojo japonés 🇯🇵

La península de Kii, situada al sur de Osaka, es considerada desde hace siglos el corazón espiritual de Japón. Durante el periodo Heian (794-1185), los Emperadores y su séquito empezaron a llegar desde Kyoto en busca de iluminación y sabiduría recorriendo los milenarios senderos que conforman el llamado Kumano Kodo.

Las rutas de peregrinaje de Kumano Kodo fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004, un honor que únicamente comparten con el Camino de Santiago en España. La ruta Nakahechi atraviesa la prefectura de Wakayama y recorrerla significa adentrarse en una de las regiones menos pobladas del país para descubrir el Japón más rural y genuino. La naturaleza en esta zona se mezcla con el misticismo y las leyendas de antiguas deidades a las que aún se venera en majestuosos y remotos templos escondidos en las montañas. 

Uno de los recintos espirituales más espectaculares es el Kumano Nachi Taisha, en el que se erige una de las pagodas más icónicas de Japón junto a la cascada de Nachi, el salto de agua más alto del país.

A pocos kilómetros de este templo, se encuentra la localidad de Nachikatsuura, un humilde pueblo de pescadores donde se subasta el atún más fresco de todo Japón. La naturaleza de las corrientes migratorias de los atunes en las aguas cercanas a esta zona de la provincia de Wakayama, hacen que el pescado pueda ser capturado y vendido en un corto periodo de tiempo sin necesidad de ser congelado. En el resto de subastas de pescado de Japón, incluyendo la del famoso mercado de Toyosu en Tokyo, los atunes llegan a las lonjas congelados después de viajar durante días o semanas en barcos de pesca.

La subasta de pescado se inicia puntualmente a las 7 de la mañana y en menos de una hora, todo el producto expuesto desaparece a manos de los compradores, preparados para cargarlo en sus camionetas y distribuirlo en urbes como Osaka, Kyoto y Tokyo para saciar los paladares más exigentes en los restaurantes más exclusivos de estas ciudades.

Como es lógico, parte del suculento botín de los pescadores se queda en el pueblo de Nachikatsuura, donde se puede disfrutar del preciado atún en humildes restaurantes locales.

Una de las mejores opciones para degustar el producto estrella de la zona es probando su tradicional Donburi de atún. Este plato clásico de la cocina japonesa consiste en una base de arroz blanco cubierto por diferentes cortes de atún rojo crudo servido en un bol. Esta preparación es uno de los retratos más fieles de la gastronomía nipona, un plato sin pretensiones que alcanza la excelencia a base de producto local, sencillez y humildad.

Fotografía y texto: Al González


Yurimaguas, la perla del Huallaga 🇵🇪

A las cinco de la mañana amanece sobre el río Huallagaen la ciudad de Yurimaguas, en pleno corazón de la selva peruana. Los pescadores se apresuran a descargar el botín que han conseguido recolectar durante una larga noche navegando sobre las aguas de la cuenca superior del río Amazonas.

El ruido de los motores de los característicos mototaxis no tarda en inundar las calles cercanas al puerto. Los barcos no solo traen pescado, también se descarga ganado, fruta y verdura cultivada en lazonas rurales de los alrededores. Todo el producto tiene un mismo destino final: el mercado central de Yurimaguas.

El Vado es el mercado al aire libre de la ciudad y un lugar perfecto para descubrir algunos de los singulares ingredientes de la cocina amazónica.

Uno de los productos más codiciados de la selva son las hojas de bijao, utilizadas para envolver y cocinar platos tan icónicos como los juanes o la patarashca. Las hojas de bijao se utilizan para envolver alimentos y son capaces de soportar altas temperaturas para cocciones al fuego o las brasas. Además de ser un producto totalmente orgánico, aportan deliciosos sabores y aromas a todos los platos en los que se emplea.

Uno de los productos más codiciados de la selva son las hojas de bijao, utilizadas para envolver y cocinar platos tan icónicos como los juanes o la patarashca. Las hojas de bijao se utilizan para envolver alimentos y son capaces de soportar altas temperaturas para cocciones al fuego o las brasas. Además de ser un producto totalmente orgánico, aportan deliciosos sabores y aromas a todos los platos en los que se emplea.

Entre la variedad de colores que encontramos en el mercado destaca el intenso tono rojo de la cecina y chorizo de cerdo, ingredientes principales de otro de los platos favoritos locales: El tacacho con cecina.

La guaba y el aguaje son de los frutos tropicales que llaman más la atención al pasearse por el mercado de Yurimaguas. La guaba tiene el aspecto de una legumbre gigante que dentro alberga una dulce pulpa con la textura de un algodón de azúcar. El anaranjado aguaje es el fruto de una palmera y alcanza la categoría de superalimento con una gran concentración de vitaminas y minerales.

La gran mayoría de estos frutos exóticos son cultivados en zonas rurales por comunidades de campesinos que pueblan las orillas de los diferentes afluentes del rio Huallaga. El acceso a la mayoría de estos lugares remotos es posible solo navegando con pequeñas embarcaciones que a diario se encargan de transportar a pasajeros y pequeñas mercaderías.

La gastronomía peruana está formada por tres tipos de cocina: la de la sierra (cocina andina), la de la costa (cocina marina), y la de la selva (cocina amazónica). Pese al recién auge y reconocimiento de los restaurantes peruanos a nivel mundial, los sabores amazónicos siguen siendo grandes desconocidos para los paladares extranjeros e incluso nacionales y es que para descubrirlos, existen pocas alternativas a adentrarse en la inmensidad de la selva peruana.

Fotografía y texto: Al González


El norte de Tailandia y sus tribus de las montañas 🇹🇭

La exuberante naturaleza de sus valles, un clima agradable en comparación con el resto del país y la cultura de las denominadas tribus de las montañas, convierten la zona septentrional de Tailandia en una de las más atractivas del sudeste asiático.

Las provincias de Chiang Mai y Chiang Rai siguen siendo hogar de numerosas comunidades como los Karen, los Akha o los Lahu, que en el pasado llegaron desde China, Laos o Myanmar cruzando las frondosas fronteras del norte de Tailandia.

Históricamente, estos pueblos vivieron de forma totalmente independiente hasta que, en los años 50, el gobierno decidió crear un comité destinado a lograr la integración de estas comunidades en la sociedad Tailandesa. Otro de los objetivos fue preservar las tradiciones y la cultura de cada una de estas minorías étnicas, que durante muchos años se vieron perseguidas y marginadas por la mayoría de los tailandeses.

La falta de recursos y la cercanía con la red de narcotráfico que operaba en el llamado “Triángulo Dorado”, convirtió el cultivo de opio en la principal actividad de muchas de las comunidades. Se estima que en los años 60, después de que en China se prohibieran los cultivos de opio, unas 18.000 hectáreas del norte de Tailandia se dedicaban a la producción de opiáceos. Las mafias de la droga proliferaban en las angostas montañas, sometiendo a los campesinos, y el gobierno pronto declaró la situación una amenaza nacional.

En 1960, durante el reinado del rey Bhumibol Adulyadej, se promovieron una serie de proyectos subvencionados para apoyar e incentivar a las comunidades a sustituir las ilegales y destructivas plantaciones de opio por otro tipo de cultivos más sostenibles. La altitud, el clima y la calidad de la tierra, eran óptimas para la producción de té o café y así fue como nacieron proyectos de cultivos de primera calidad que actualmente son referentes en el sudeste asiático.

A los pies del bosque de Banchang, en la provincia de Chiang Rai, se pueden observar las impresionantes plantaciones de té verde del proyecto Araksa, uno de los cultivos más antiguos del país.

Entre los diferentes tipos de café, destaca el Pang Khon, una variedad 100% arábica, cultivada a más de 1.200 metros de altitud, de una forma totalmente sostenible, por las tribus Akha.

Además de variedades de café y té, se promovió también la plantación de árboles frutales, entre los que destacan los hipnóticos campos de piñas. Esta fruta tropical es uno de los ingredientes estrella de la gastronomía tailandesa, y una de las mejores opciones para degustarla es en el icónico curry massaman.

Tailandia fue un ejemplo para la comunidad internacional al no criminalizar y castigar a los campesinos que antaño cultivaban opio, y apoyarles con alternativas que los alejaran de las actividades ilegales para mejorar su futuro. Los proyectos de sustitución de cultivos promovidos en los años 60 fueron el inicio de muchas más iniciativas que, durante las últimas décadas, han sido claves para el desarrollo social y económico de las tribus que pueblan las montañas del norte del país de las sonrisas.

Fotografía y texto: Al González


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