Día de los difuntos en Cusco 🇵🇪
Las calles empedradas del centro histórico de Cusco, antiguo feudo del gran imperio Inca, se tiñen cada mañana del color intenso de los productos que se cultivan en los Andes del Perú.

En los mercados de la ciudad se encuentran desde granos como la quinoa, la kiwicha o el tarwi, hasta coloridas variedades de maíz como el morado, el choclo o el mote. Pero si por algo es conocido Perú es por las más de 4.000 variedades de papas que han alimentado civilizaciones andinas durante más de 8.000 años.


Huamantanga, Yungay, Negra andina, Blanca o Canchán son solo algunas de las variedades de papas que han posicionado a Perú como líder mundial en biodiversidad agrícola y han elevado la fama de su gastronomía al nivel actual.
De entre todos los puestos y productos que se pueden encontrar en los mercados, hay uno que destaca entre los demás durante la última semana de octubre. Las Tanta wawas son unos panes dulces con forma de bebé, que anuncian la inminente celebración del día de Todos los Santos (1 de noviembre) y el Día de los Difuntos (2 de noviembre). Estos panes se hornean solo para estas fechas y, aunque en la actualidad se regalan a los más pequeños de la familia, se siguen usando como ofrenda a los que ya no están entre nosotros.

Situado entre la ciudad y los cerros del barrio de Santiago, se encuentra el cementerio de San José de Huancaro. Cada 2 de noviembre, se celebra aquí el Día de los Difuntos y cientos de familias cusqueñas se congregan en este enclave para celebrar uno de los días más importantes del calendario religioso. Los familiares y amigos pasan el día alrededor de las sepulturas de sus seres queridos en un ambiente festivo, amenizado por músicos, en el que también hay lugar para las oraciones por parte de sacerdotes. Es tradición cubrir las tumbas con flores, frutas, refrescos y panes en señal de amor y respeto, además de comer juntos recordando a los muertos.



El Día de Difuntos en Cusco y todo el sur de los Andes es una de las festividades más importantes del año, con una carga cultural que combina ancestrales creencias andinas con elementos católicos heredados de los colonizadores españoles. La presencia y participación de niños y jóvenes en estas jornadas es muy común, y representa un gran ejemplo de cómo perpetuar lazos entre generaciones y garantizar la continuidad de las tradiciones y el legado cultural en esta región.

Para los habitantes de Cusco y las comunidades andinas, la muerte no es considerada un final abrupto de la vida, sino un viaje hacia el más allá o un regreso a la tierra, la Pachamama. Se cree que las almas no desaparecen de forma inmediata y que permanecen en el mundo de los vivos durante tres años junto a sus familiares y su comunidad.
Fotografía y texto: Al González
Agradecimientos:
A Freddy Mojonero Sarmiento (@fredy_cusco) y a su familia por mostrarme el verdadero Cusco y compartir conmigo un día tan especial en Huancaro.
