Teotitlán del Valle, orgullo zapoteco 🇲🇽

Pocos países en el mundo son capaces de sorprender a sus visitantes con un abanico cultural y étnico tan amplio como lo hace México a lo largo de todo su territorio. El estado de Oaxaca, emplazado en la región suroeste del país, es considerado uno de los más representativos de la esencia cultural mexicana gracias a la gran concentración de pueblos indígenas que allí conviven y mantienen vivas sus tradiciones y costumbres.

A los pies de la Sierra de Oaxaca y bajo la atenta mirada del sagrado monte Picacho, se encuentra la comunidad de Teotitlán del Valle. Este municipio, perteneciente a la región de los Valles Centrales, puede presumir de ser el primero de los asentamientos que fundaron los indios zapotecos bajo el nombre de Xa ‘xigye, a mediados del s. XV.

El mercado de Teotitlán del Valle, situado junto a la monumental Iglesia Preciosa Sangre de Cristo, es un lugar lleno de vida donde la gente del pueblo sigue hablando zapoteco, la lengua heredada de sus antepasados.

Los zapotecos fueron una de las civilizaciones más influyentes en Mesoamérica y, gracias a comunidades como la de Teotitlán, su cultura y tradiciones se mantienen vivas en el valle de Oaxaca. Además de su lengua original y tradiciones ancestrales, los zapotecos dejaron huella con una de las herencias culinarias más auténticas y variadas que se conocen en México.

En Teotitlán del Valle, el fuego, los comales y los metates bailan al ritmo de maestras de la cocina tradicional que, lejos de las grandes pretensiones que reinan en la gastronomía actual, se esmeran trabajando con humildad para preservar, difundir y mantener viva la cocina zapoteca.

Otro día escribiré sobre el mole coloradito de la maestra Carina Santiago, de las crujientes tlayudas y enchiladas de Isabel Lazo, del delicioso chocolate de Doña Trini, de las mamelitas y quesadillas de Camelia y de las sonrisas de Abigail Mendoza y su familia. Sin embargo, creo que lo justo es dedicar este primer artículo sobre Oaxaca a la figura de estas mujeres de Teotitlán que compartieron su tiempo, amabilidad y cultura conmigo.

Carina Santiago

Trinidad López / Isabel Lazo

Las hermanas Abigail y Adelina Mendoza junto a su sobrina Diana Ruiz.

Visitar esta comunidad oaxaqueña no solo es una experiencia única para el paladar, sino que también significa ser testigo de cómo estas cocineras trabajan con orgullo para ser parte fundamental de la preservación de una de las culturas más antiguas de México. Además de cocinar, estas mujeres realizan una labor impagable formando a las futuras generaciones, compartiendo su experiencia con cocineros extranjeros y, algunas de ellas, asistiendo a congresos internacionales de cocina por todo el mundo representando a México.

La cocina zapoteca es un pilar fundamental de la gastronomía oaxaqueña, declarada en 2008 patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO.

Fotografía y texto: Al González


Samut Songkhram, un oasis en Bangkok 🇹🇭

Situada en el Golfo de Tailandia, a escasos 80 km al suroeste de Bangkok, la provincia de Samut Songkhram es el lugar perfecto para desconectar de la electrizante atmósfera de la capital Tailandesa y perderse en la naturaleza de esta región atravesada por el río Mae Kong.

Entre inmensas plantaciones de cocoteros y el infinito laberinto de canales que serpentean por esta provincia, se esconde el mercado flotante de Tha Kha. A primera hora de la mañana, vendedores locales acuden a esta zona con sus estrechas y largas embarcaciones cargadas de fruta y verdura cultivada en la misma región. 

Los botes no solo son utilizados como medio para transportar productos, sino que, una vez amarrados, se convierten en coloridos puestos de venta que inundan todo el canal. En el mercado flotante de Tha Kha también es posible degustar deliciosos platos locales preparados en improvisadas cocinas dentro de las mismas canoas.

Gracias al paso del río Mae Kong y su proximidad al mar, la provincia de Samut Songkhram goza de tierras fértiles con una gran variedad de cultivos y vegetación. Uno de los principales productos cultivados es el coco, gran protagonista de la gastronomía Tailandesa.

Pese a que el mayor esfuerzo y trabajo se centra en la producción y cosecha de los dulces y aromáticos cocos tailandeses, estos no son el único producto que se importa en la región. Desde hace siglos, el azúcar de coco es uno de los edulcorantes naturales más utilizados en el sureste asiático y su producción comienza recolectando la savia de los cocoteros. Los agricultores realizan un corte en la flor de los árboles para que la savia fluya al exterior y se acumule en recipientes colocados bajo los tallos.

La savia recolectada se calienta a altas temperaturas en grandes woks hasta que su agua se va evaporando y el líquido se reduce hasta convertirse en una pasta espesa que, al enfriarse y solidificarse, se transforma en un bloque de azúcar.

El producto final tiene un sabor comparable al del azúcar moreno pero con un dulzor más sutil, al que se añaden notas de caramelo y mantequilla. El azúcar de coco se utiliza en las cocinas de Thailandia no solo para endulzar postres, sino también para equilibrar y realzar sabores de platos tan icónicos como el Curry verde o el Pad Thai.

 

Fotografía y texto: Al González


Wakayama: En busca del oro rojo japonés 🇯🇵

La península de Kii, situada al sur de Osaka, es considerada desde hace siglos el corazón espiritual de Japón. Durante el periodo Heian (794-1185), los Emperadores y su séquito empezaron a llegar desde Kyoto en busca de iluminación y sabiduría recorriendo los milenarios senderos que conforman el llamado Kumano Kodo.

Las rutas de peregrinaje de Kumano Kodo fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004, un honor que únicamente comparten con el Camino de Santiago en España. La ruta Nakahechi atraviesa la prefectura de Wakayama y recorrerla significa adentrarse en una de las regiones menos pobladas del país para descubrir el Japón más rural y genuino. La naturaleza en esta zona se mezcla con el misticismo y las leyendas de antiguas deidades a las que aún se venera en majestuosos y remotos templos escondidos en las montañas. 

Uno de los recintos espirituales más espectaculares es el Kumano Nachi Taisha, en el que se erige una de las pagodas más icónicas de Japón junto a la cascada de Nachi, el salto de agua más alto del país.

A pocos kilómetros de este templo, se encuentra la localidad de Nachikatsuura, un humilde pueblo de pescadores donde se subasta el atún más fresco de todo Japón. La naturaleza de las corrientes migratorias de los atunes en las aguas cercanas a esta zona de la provincia de Wakayama, hacen que el pescado pueda ser capturado y vendido en un corto periodo de tiempo sin necesidad de ser congelado. En el resto de subastas de pescado de Japón, incluyendo la del famoso mercado de Toyosu en Tokyo, los atunes llegan a las lonjas congelados después de viajar durante días o semanas en barcos de pesca.

La subasta de pescado se inicia puntualmente a las 7 de la mañana y en menos de una hora, todo el producto expuesto desaparece a manos de los compradores, preparados para cargarlo en sus camionetas y distribuirlo en urbes como Osaka, Kyoto y Tokyo para saciar los paladares más exigentes en los restaurantes más exclusivos de estas ciudades.

Como es lógico, parte del suculento botín de los pescadores se queda en el pueblo de Nachikatsuura, donde se puede disfrutar del preciado atún en humildes restaurantes locales.

Una de las mejores opciones para degustar el producto estrella de la zona es probando su tradicional Donburi de atún. Este plato clásico de la cocina japonesa consiste en una base de arroz blanco cubierto por diferentes cortes de atún rojo crudo servido en un bol. Esta preparación es uno de los retratos más fieles de la gastronomía nipona, un plato sin pretensiones que alcanza la excelencia a base de producto local, sencillez y humildad.

Fotografía y texto: Al González


Yurimaguas, la perla del Huallaga 🇵🇪

A las cinco de la mañana amanece sobre el río Huallagaen la ciudad de Yurimaguas, en pleno corazón de la selva peruana. Los pescadores se apresuran a descargar el botín que han conseguido recolectar durante una larga noche navegando sobre las aguas de la cuenca superior del río Amazonas.

El ruido de los motores de los característicos mototaxis no tarda en inundar las calles cercanas al puerto. Los barcos no solo traen pescado, también se descarga ganado, fruta y verdura cultivada en lazonas rurales de los alrededores. Todo el producto tiene un mismo destino final: el mercado central de Yurimaguas.

El Vado es el mercado al aire libre de la ciudad y un lugar perfecto para descubrir algunos de los singulares ingredientes de la cocina amazónica.

Uno de los productos más codiciados de la selva son las hojas de bijao, utilizadas para envolver y cocinar platos tan icónicos como los juanes o la patarashca. Las hojas de bijao se utilizan para envolver alimentos y son capaces de soportar altas temperaturas para cocciones al fuego o las brasas. Además de ser un producto totalmente orgánico, aportan deliciosos sabores y aromas a todos los platos en los que se emplea.

Uno de los productos más codiciados de la selva son las hojas de bijao, utilizadas para envolver y cocinar platos tan icónicos como los juanes o la patarashca. Las hojas de bijao se utilizan para envolver alimentos y son capaces de soportar altas temperaturas para cocciones al fuego o las brasas. Además de ser un producto totalmente orgánico, aportan deliciosos sabores y aromas a todos los platos en los que se emplea.

Entre la variedad de colores que encontramos en el mercado destaca el intenso tono rojo de la cecina y chorizo de cerdo, ingredientes principales de otro de los platos favoritos locales: El tacacho con cecina.

La guaba y el aguaje son de los frutos tropicales que llaman más la atención al pasearse por el mercado de Yurimaguas. La guaba tiene el aspecto de una legumbre gigante que dentro alberga una dulce pulpa con la textura de un algodón de azúcar. El anaranjado aguaje es el fruto de una palmera y alcanza la categoría de superalimento con una gran concentración de vitaminas y minerales.

La gran mayoría de estos frutos exóticos son cultivados en zonas rurales por comunidades de campesinos que pueblan las orillas de los diferentes afluentes del rio Huallaga. El acceso a la mayoría de estos lugares remotos es posible solo navegando con pequeñas embarcaciones que a diario se encargan de transportar a pasajeros y pequeñas mercaderías.

La gastronomía peruana está formada por tres tipos de cocina: la de la sierra (cocina andina), la de la costa (cocina marina), y la de la selva (cocina amazónica). Pese al recién auge y reconocimiento de los restaurantes peruanos a nivel mundial, los sabores amazónicos siguen siendo grandes desconocidos para los paladares extranjeros e incluso nacionales y es que para descubrirlos, existen pocas alternativas a adentrarse en la inmensidad de la selva peruana.

Fotografía y texto: Al González


El norte de Tailandia y sus tribus de las montañas 🇹🇭

La exuberante naturaleza de sus valles, un clima agradable en comparación con el resto del país y la cultura de las denominadas tribus de las montañas, convierten la zona septentrional de Tailandia en una de las más atractivas del sudeste asiático.

Las provincias de Chiang Mai y Chiang Rai siguen siendo hogar de numerosas comunidades como los Karen, los Akha o los Lahu, que en el pasado llegaron desde China, Laos o Myanmar cruzando las frondosas fronteras del norte de Tailandia.

Históricamente, estos pueblos vivieron de forma totalmente independiente hasta que, en los años 50, el gobierno decidió crear un comité destinado a lograr la integración de estas comunidades en la sociedad Tailandesa. Otro de los objetivos fue preservar las tradiciones y la cultura de cada una de estas minorías étnicas, que durante muchos años se vieron perseguidas y marginadas por la mayoría de los tailandeses.

La falta de recursos y la cercanía con la red de narcotráfico que operaba en el llamado “Triángulo Dorado”, convirtió el cultivo de opio en la principal actividad de muchas de las comunidades. Se estima que en los años 60, después de que en China se prohibieran los cultivos de opio, unas 18.000 hectáreas del norte de Tailandia se dedicaban a la producción de opiáceos. Las mafias de la droga proliferaban en las angostas montañas, sometiendo a los campesinos, y el gobierno pronto declaró la situación una amenaza nacional.

En 1960, durante el reinado del rey Bhumibol Adulyadej, se promovieron una serie de proyectos subvencionados para apoyar e incentivar a las comunidades a sustituir las ilegales y destructivas plantaciones de opio por otro tipo de cultivos más sostenibles. La altitud, el clima y la calidad de la tierra, eran óptimas para la producción de té o café y así fue como nacieron proyectos de cultivos de primera calidad que actualmente son referentes en el sudeste asiático.

A los pies del bosque de Banchang, en la provincia de Chiang Rai, se pueden observar las impresionantes plantaciones de té verde del proyecto Araksa, uno de los cultivos más antiguos del país.

Entre los diferentes tipos de café, destaca el Pang Khon, una variedad 100% arábica, cultivada a más de 1.200 metros de altitud, de una forma totalmente sostenible, por las tribus Akha.

Además de variedades de café y té, se promovió también la plantación de árboles frutales, entre los que destacan los hipnóticos campos de piñas. Esta fruta tropical es uno de los ingredientes estrella de la gastronomía tailandesa, y una de las mejores opciones para degustarla es en el icónico curry massaman.

Tailandia fue un ejemplo para la comunidad internacional al no criminalizar y castigar a los campesinos que antaño cultivaban opio, y apoyarles con alternativas que los alejaran de las actividades ilegales para mejorar su futuro. Los proyectos de sustitución de cultivos promovidos en los años 60 fueron el inicio de muchas más iniciativas que, durante las últimas décadas, han sido claves para el desarrollo social y económico de las tribus que pueblan las montañas del norte del país de las sonrisas.

Fotografía y texto: Al González


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