Val di Noto, dolce Barroco 🇮🇹
Al suroeste de Sicilia, descansan sobre el Monte Alveria las ruinas de la antigua ciudad de Netum, de origen sículo. Los salvajes olivos sicilianos siguen retorciéndose sobre los cimientos de la que llegó a ser una de las ciudades medievales más imponentes de la isla, levantada por los normandos y que trágicamente colapsó tras un devastador terremoto, el 11 de enero de 1693, enterrando siglos de historia escrita también por griegos, romanos y árabes.


La ciudad de Noto, tal como se la conoce en la actualiad, renació 8 km más al sur, en dirección al mar Jónico, siguiendo el característico estilo del barroco tardío de finales del siglo XVII. Otras poblaciones de la región de Val di Noto, afectadas por el terremoto, como Ragusa, Módica o Scicli, fueron también reconstruidas bajo la misma influencia, y reconvertidas en verdaderas maravillas arquitectónicas, declaradas en su conjunto Patrimonio de la Humaniad por la Unesco en 2002.
El exuberante barroco siciliano encuentra su máxima expresión en cada rincón de la gran avenida sobre la que fue trazada la nueva ciudad de Noto. Los tonos dorados que refleja la característica piedra caliza que domina la ciudad son un auténtico espectáculo cromático, en especial al contemplar la imponente Catedral de San Nicolò y su escalinata al atardecer.


A pocos metros de la catedral, econtramos el Caffé Sicilia, un lugar mágico donde disfrutar de los sabores de Val di Noto y de la esencia gastronómica siciliana que la familia Assenza comparte con sus visitantes desde 1892. La vitrina interior, repleta de dulces tradicionales y creaciones originales, podría considerarse sin duda otra de las joyas artísticas de Noto, aunque en ella no se alberga, ni mucho menos, toda la oferta que se puede degustar en este emblemático establecimiento.


La granita de mandarola del Caffè Sicilia, de textura delicada y cremosa, elaborada con agua, azúcar y almendra local, sorprende al paladar por la sencillez e intensidad de su sabor. Los locales la acompañan siempre con la clásica brioscia, un pan dulce, ligero y esponjoso, pilar fundamental de la pastelería siciliana.
A pocos kilómetros de Noto, en dirección al oeste, se encuentra la ciudad de Módica, otra de las paradas obligatorias en la ruta del barroco, y particular punto de interés gastronómico de la región.

En el siglo XVII, Sicilia vivía bajo dominio de los españoles, los cuales empezaron a llevar a la isla ingredientes descubiertos en el nuevo mundo. Así fue cómo el cacao llegó a Italia desde México, acompañado de la ancestral técnica azteca, para convertirlo en chocolate, moliendo el grano junto con azúcar y otros ingredientes entre las piedras de los antiguos metates. El resultado de esta elaboración en frío es un chocolate de textura granulada y sabor único, que consigue preservar la pureza del cacao y sus propiedades nutricionales.

Proceso manual de molienda tradicional de cacao con metate en Oaxaca, México.

Chocolate de Módica
Desde hace ya más de 300 años, Módica ha sido la única ciudad en Sicilia que ha mantenido la tradición azteca en Italia, convirtiendo su chocolate en un símbolo gastronómico y cultural de la ciudad. Del viaje transatlántico del cacao a manos de los españoles y su pasión por la carne de caza, nacieron también las mpanatigghi, un capricho dulce en forma de empanadilla, elaborado con chocolate de Módica, frutos secos, almendra, canela, clavo y carne.

La historia de la cocina siciliana es el resultado de siglos de conquistas y de intercambios culturales, que los italianos han sabido abrazar, preservar y pulir hasta la actualidad. Pocos lugares en el mundo pueden presumir de un mosaico cultural tan hermoso y diverso como el que encontramos en la isla más grande del Mediterráneo.
Fotografía y texto: Al González
Agradecimientos:
Al Sr. Corrado Assenza, por atenderme y dedicarme tiempo en el Caffè Sicilia.
A Doña Trinidad López, por mostrarme cómo se elabora el chocolate en el valle de Oaxaca, en México.
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