La ciudad de Atlixco, en el estado mexicano de Puebla, se prepara cada año para recibir a finales de octubre a miles de visitantes con motivo de la celebración del Día de Muertos. Atlixco está considerado uno de los lugares más atractivos del país para disfrutar de esta fiesta nacional, gracias a sus famosas catrinas, sus campos de cempasúchil y la magnífica gastronomía poblana.

Las catrinas son figuras en forma de grandes esqueletos, que se visten con elegantes ropajes y se decoran con coloridas pinturas para representar a personajes de la cultura mexicana. Desde deidades prehispánicas a personajes de la revolución mexicana, estas obras de arte pueden llegar a medir hasta seis metros de altura y son muchos los artistas locales involucrados durante meses en su producción.

El colorido y la belleza de las catrinas comparte protagonismo las semanas previas al Día de Muertos con los impresionantes campos de cempasúchil que rodean la ciudad. Estas flores nativas de México, de color anaranjado e intenso aroma, se utilizan para decorar miles de altares, tumbas y panteones en todo el país durante las semanas dedicadas a los difuntos.

La región de Puebla es una de las principales productoras del país y visitar los campos de cempasúchil de Atlixco se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad.

El mercado Benito Juárez es también una parada obligatoria cuando se visita esta localidad poblana. En sus pasillos destaca la humareda y el aroma que desprenden las parrillas en las que se preparara el producto estrella de la ciudad: la cecina de Atlixco.

La gastronomía Poblana puede presumir de tener entre sus platillos al que seguramente es uno de los más célebres de la cocina mexicana: el mole. Esta compleja salsa de raíces prehispánicas se elabora con chiles tostados, verduras y chocolate, ingredientes a los que también se añadieron, durante la época colonial, especias traídas desde Asia o Europa, como el clavo, la canela o algunos frutos secos. El mole sirve para acompañar a una gran variedad de preparaciones y es muy común comerlo con pollo acompañado de arroz.

Una razón de peso para volver y visitar Puebla en los meses de verano es para descubrir uno de los platos de temporada nacionales por excelencia: los chiles en nogada. Esta receta se elabora con chiles poblanos que se rellenan con un guiso de carne de cerdo picada y una mezcla de frutas como plátano, manzana, pera o melocotón, a la que también se añaden algunos frutos secos como almendras o piñones. Los chiles se cubren con la tradicional salsa nogada elaborada con nueces de castilla recién recolectadas entre julio y septiembre. El toque final lo aporta el verde de las hojas de perejil y las rojizas semillas de granada, que junto al color blanco de la salsa nogada, hacen que este plato refleje los colores nacionales de la bandera mexicana.

Tal como dijo Armando Mújica Pérez Salazar, cronista gastronómico de Puebla, existen tantas recetas de chiles en nogada como familias en Puebla. Lo mismo ocurre con los moles en todo México, la riqueza y variedad de productos del país hace que en cada cocina, en cada casa, en cada mesa, los sabores de la gastronomía mexicana nunca dejen de sorprendernos.

 

Fotografía y texto:  Albert González

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